Las PYMES mudas y los #RRHH 2.0

Nos empeñamos en hacer complicadas las cosas, sobre todo en el mundo de la empresa, en algunas ocasiones solo para mayor protagonismo y deleite de algún “líder” (véase jefe) que no puede conseguir que su equipo funcione de una forma más fluida, sencilla, eficaz y participativa.
No hablaremos de comunicación interna, ni de planes de comunicación, ni de rumores, que obviamente se producen por la falta de información por parte de la dirección de una organización. Nada de eso, hablaremos de personas, de las personas que componen una organización, empresa, proyecto, como le queramos llamar. Todas ellas quieren hablar y ahora más que nunca. ¿Te interesa? Continúa leyendo…
Nos encontramos con dos realidades enfrentadas. Por un lado las empresas, sus estructuras, sus hábitos aprendidos, sus jerarquías, sus líderes inquietos por la amenaza de aquello que desconocen (La información es poder). Las empresas actuales están llenas de barreras, la mayoría psicológicas: Secciones, departamentos, divisiones (esta última es la más gráfica). No hay nada como tener “Divisiones” en una organización, con eso ayudamos a mejorar la comunicación ¡Sin duda! (Sarcasmo). Por otra parte una sociedad que necesita socializar y que ha encontrado el modo de hacerlo de forma rápida y eficaz.
Mejora y Gana
Parece absurdo, pero aquello que las empresas han anhelado toda la vida en su funcionamiento: Participación, comunicación, aprendizaje continuo, implicación, se lo están ofreciendo en estos momentos los mismos empleados. Sin duda las organizaciones deberán desaprender todo lo que saben, para aprender de la sociedad y transformarse en Empresas 2.0, un cambio que les proporcionará mejoras en aspectos clave como: Formación y desarrollo (desempeño), participación e Implicación (que no motivación), comunicación, clima, cultura corporativa y reclutamiento
Analicemos con más detalle lo que está sucediendo y tengamos en cuenta estás tres premisas:
  1. Las relaciones entre las personas se están modificando de una u otra forma por el uso de las redes sociales.
  2. Las personas son las que construyen las redes sociales y también son parte de las empresas.
  3. Las personas que se incorporen al mercado laboral en los próximos años serán nativos digitales.
Así que esto parece no tener marcha atrás, tal vez no sepamos con exactitud cómo será el uso de las redes sociales en las empresas, incluso en la sociedad, en un futuro. Seguramente cada empresa deberá desarrollar su propia estrategia y salvo aprender de otras experiencias de éxito, pocas cosas se podrán copiar. La cultura de cada empresa influirá en la forma de implantación en las redes sociales.
Pensemos en algunas claves para perder el miedo a este fenómeno, del que todos hablamos pero en el que pocos trabajan.
“Si tienes miedo pide ayuda, no arriesgues, pero no pierdas la oportunidad”
Es lógico tener miedo a unas herramientas que hasta el momento la mayoría solo hemos usado para buscar antiguos compañeros, compartir fotos o jugar. Bajo esta premisa ¿Qué pueden aportar a una empresa? En realidad, la pregunta que se debe responder es: ¿Para qué pueden servirme estas herramientas? Te sorprenderá la cantidad de formas de uso que puedes encontrar, que no son las que tienes en mente y que ayudaran a tu empresa a ser mejor.
“No quiero que mis empleados usen las redes sociales durante el trabajo”
No es nada descabellado pensar esto, es más, la mayoría de las empresas de este país las tienen prohibidas. Pero también para esto hay una terapia, busca entre tus empleados a aquellos que consideres pueden estar más preparados e ilusionados y desarrolla el proyecto de redes sociales con ellos, implica a tu gente, empieza desde dentro. No tengas miedo a las críticas.
“Esto de Internet es interminable ¿Qué herramientas tengo que usar?”
El antídoto para esta premisa, que va asociada al desconocimiento, es ni más, ni menos que FORMACIÓN. Forma a tu equipo de trabajo, no sirve solo con los conocimientos caseros que todos tenemos, cuando trabajas con las redes sociales en la empresa no debes correr riesgos innecesarios, que inconscientemente cometemos de forma habitual en nuestras cuentas personales. No olvides crear un manual de uso, así como un procedimiento para resolver las “crisis” que puedan surgir.
Tal vez así conseguiremos no hacer complicadas las cosas sencillas, al menos en el trabajo, permitiremos la participación y sobre todo pondremos en marcha algo fundamental en toda buena comunicación: Escuchar.
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