¡Hazlo o no lo hagas! Pero no lo intentes. El secreto está en la acción

“Lo voy a intentar” es una expresión muy extendida, y la solemos decir de manera habitual, pero tiene efectos negativos.

¿Te has planteado alguna vez qué hay detrás de esta palabra? 

¿Has pensado porqué no conseguimos lo que hemos intentado lograr?

Hace poco tiempo leí el libro de Ángel Alcalá “Hazlo. No lo intentes” y me hizo recordar conceptos de Inteligencia Emocional:  Cada uno de nuestros actos está motivado por una emoción, existiendo una relación entre lo que se siente, se piensa y se hace. Por tanto, si la emoción es negativa lo más seguro es que haya un pensamiento negativo asociado, el cual retroalimenta un sentimiento también negativo, lo que deriva a comportamientos de igual índole, o como mínimo no productivos o poco eficaces. Y si la emoción es positiva, el pensamiento lo es, el sentimiento también, derivando en comportamientos positivos (Iceberg Neurológico de Robert Dilt) como vimos en el post: “Geoposiciona tu identidad antes de trazar una ruta”

Entonces…si nos basamos en esto (en los principios de la Inteligencia Emocional), podemos considerar que la palabra Intentar contiene dos significados.

Dos significados diferentes en “Intentar”

El primer significado de “Intentar” implica, (no siempre, pero sí en un alto porcentaje de ocasiones), que el fracaso está presente. Genera una falsa actitud tanto en el que las pronuncia como en el que las escucha, y lleva implícito (previamente), una excusa ante la posibilidad de no conseguir el objetivo que nos hemos marcado. Pero por la cotidianidad de la utilización de la palabra, desconocemos que cuando la usamos, nuestro subconsciente (a causa de posibles miedos, indecisiones, inseguridades…) nos está tratando de engañar, y la decimos para salvaguardarnos ante la posibilidad de fracaso.

Si nos fijamos, cuando se fracasa, automáticamente se suele decir “yo lo he intentado”. Es nuestra primera disculpa y justificación, a que debido a insuperables/impredecibles situaciones no se ha podido realizar la tarea.

En este primer significado, quien dice “voy a tratar (o intentar)…” se está dando permiso para poder fallar. Si se falla, siempre se puede afirmar que “se intentó”. Y las personas que oyen “Voy a tratar….“, piensan que hay una posibilidad de quien lo dice tenga éxito, y se generan falsas expectativas.

¿Y esto por qué ocurre? 

Porque nuestro subconsciente no recibe la orden de HAZLO, de “logro”, sino de INTENTO “probar”, y eso es lo que nuestro cerebro ordena, y cuando lo haya “intentado”, considerará la orden cumplida. Y es como si nuestro cerebro se preguntase: ¿Para que “seguir intentando hacer algo”, si no es la orden que he recibido? ¿Con qué objetivo se debe repetir la tarea que ya he cumplido?

De esta manera funciona nuestra mente. El subconsciente es el que tiene el verdadero poder en nosotros. El intelecto decide, pero el subconsciente ejecuta…, o en este primer significado, no ejecuta. Recordemos que si la emoción es negativa (causada por miedos, inseguridades…) el pensamiento y nuestros sentimientos también podrán serlo, llevándonos a poder tener comportamientos poco eficaces, como sería en este caso.

Por tanto, cuando nos decimos “lo voy a intentar” lo que en realidad estamos diciendo es: “sé que debería hacerlo, pero no me siento capaz, no quiero, tengo miedo, etc.”. Con lo cual, si una intención (pensamiento) la acompañamos de un sentimiento negativo (miedo, impotencia, falta de motivación, etc.), lo que vamos a conseguir es poco o nada porque el comportamiento asociado será ineficaz o inexistente.

En definitiva…nos estamos autoboicoteando.

¿Y por qué nos boicoteamos a nosotros mismos diciéndonos una cosa y luego haciendo otra?

Desde mi punto de vista, lo hacemos inconscientemente  porque necesitamos NO sentirnos culpables de no haberlo intentado, en lugar de ser responsables de haber hecho lo necesario para lograr nuestras metas (entre otros tantos motivos).

El segundo significado por el contrario, es, cuando un “intento” constituye uno de los pasos de entre los que necesitaremos dar para lograr un objetivo/meta, que previamente nos hayamos planteado. En este caso existe una DECISIÓN, y esa decisión es LOGRAR, no de “intentar”. Vá mucho más allá. Sin embargo, es posible que ese logro requiera de varios “intentos” y por tanto de esfuerzo (que nos aporta experiencias y desarrollo personal) que no debemos considerar como fracasos, sino como fórmulas de aprendizaje, como comenté enel post Aprender del fracaso: La antesala del triunfo“.

Por ejemplo, cuando una persona inicia una carrera universitaria, no decide “intentar” graduarse sino que decide graduarse. Es posible que en el medio haya muchos “intentos fallidos” para superar exámenes, pero la decisión no cambia: la decisión es graduarse, sin importar cuántos “intentos” se requieran.

“La posibilidad de éxito está condicionada a la intención con que cada uno de nosotros emprendamos el cambio”

Otro ejemplo, uno de los ejemplos más claros, que ya expuse también en el post de “Aprender del fracaso…” es el de Thomas Alva Edison,  que realizó cientos de “intentos” para lograr crear la lámpara incandescente, pero él no estaba “intentando” inventarla: el había decidido crearla, y cada uno de sus intentos (considerados fracasos) le enseño según él, diferentes formas de NO hacer una bombilla. Cada intento fallido no le frenaba para seguir creando nuevas opciones.

La palabra intentar, contiene ambas actitudes (tan diferentes) de enfrentarse ante una misma situación, pudiendo decir por tanto, que existen dos tipos de personas, las que hacen y las que intentan. En el resultado de sus acciones están las diferencias.

“Para que pueda surgir lo posible. Es preciso intentar una y otra vez lo imposible” Hermann Hesse

El poder del hacer

“Haz de los obstáculos, escalones para aquello que quieras alcanzar” Charles Chaplin

Desde pequeños (la mayoría de las personas) hemos sido entrenados para ver la acción como un medio para llegar a un fin. El problema con esta creencia, es que la mayoría de las ocasiones no nos permite ser felices hasta que no llegamos a la meta.

¿Qué pasaría si comenzamos a ver nuestras acciones como una forma de alcanzar un resultado (aprendizaje), sea cual sea al final? Haríamos las cosas de manera con menos tensión, menos inseguridades…más felices.

¿Qué pasaría si nos olvidamos de la creencia de que no podemos ser felices a menos que ocurran las cosas de una determinada manera? No le tendríamos miedo al fracaso. No intentaríamos…haríamos.

¡Disfrutemos también del viaje, no sólo del destino!
Pasar a la acción es difícil, lo se, pero es necesario hacerlo.

Solo sabremos que las acciones que iniciamos, que los caminos que tomamos tienen éxito iniciándonos a la acción, no pretendamos saber si tendremos éxito antes del pistoletazo de salida, si no lo nos ponemos en marcha, si no lo andamos con decisión, no lo sabremos.

“Ten muy presente que tu enfoque determina tu realidad” Yoda (Película: El imperio contraataca) 

El secreto está en la acción

Cojamos el segundo significado de “INTENTAR y ¡ACTUEMOS! pasemos a la ACCIÓN

Tenemos herramientas más que suficientes (adquiridas a lo largo de nuestra vida: enseñanzas, experiencias, formación…), y el conocimiento necesario para saber, qué tenemos que hacer para alcanzar una meta.

El siguiente paso es establecer un plan de acción. Hay que pensar que acciones vamos  a llevar a cabo cada día, y si fracasamos en alguna, ver qué otras opciones podemos hacer. Si sólo intentamos, al primer tropiezo se habrá terminado la “partida”.

Recordemos que hay que seguir ese plan, y ponerlo en practica.

Todo lo que hagamos para alcanzar nuestro objetivo/meta suma. Aunque los consideremos negativos, estos puntúan más en nuestro currículum de vida.

Así que, cuando deseemos hacer algo enfrentémonos a la situación decididos y con la INTENCIÓN de LOGRAR.

Compartido por
Sara Azotes

Autor: fatimabril

Fuente: http://blog.fatimabril.es/2012/12/hazlo-o-no-lo-hagas-pero-no-lo-intentes.html#.UMmnCnfNmSo

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